FerroFicción

April 9, 2010

Café Ferroviario XVI: Los pensamientos de Mecánico R. Karpik II

Filed under: Uncategorized — @ 4:50 pm

Me pongo a pensar si desde cuando hice públicos mis pensamientos hace unos meses atrás en si en mi país, Argentina, las cosas cambiaron en algo. Colegas míos me dicen que sí, pero con la diferencia que la mayoría para mal, porque para bien, no se nota en absoluto.
¿Nuestros trenes siguen en el arcaísmo? Por el momento, sí. De era cambiaremos creo que dentro de unos cuantos millones de años. Por ahora no hemos descubierto ningún método para arreglar en menor tiempo posible los ramales, pero sí se ha descubierto uno para destruirlos tan pronto como le sea posible: una GT y se acabó el asunto. No hay que hacerse problema, si nuestras vías están rotas, que se rompan un poquito más no les va a hacer nada, que se arregle el que sigue. Me parece que esta teoría del “me tiro la pelota” la tenemos demasiado bien asumida, está incorporada a nosotros.
¿Empleados? Creo que tal vez Pedro Picapiedra y Pablo Mármol tienen mejor atención que quienes fueron designados para la atención al público. Digamos que su trato es bien detestable (Y si detestamos a ciertas personas, vamos bien) que encontrar uno cuya atención sea amable uno se queda dudando y trata de encontrarlo dos veces. O nos pasa que nuestro personal ferroviario está demasiado avejentado, alguno más inteligente diría “está el PAMI instalado allí”. Peor sería que dijeran que la grandísima mayoría de los empleados son de geriátrico. ¿No será hora de hacer un poco de limpieza ferroviaria?
En el Diccionario de la Real Academia Española la palabra Locomotora es un sustantivo femenino. Con números, claro. Apodos hasta ahí. ¿Trato? Y que buen tema diría Pacotillo. Las tratan por lo que son, locomotoras, pero en la mayoría de las veces su trato es “bestia”, porque ni siquiera saben que alguna vez necesitan una limpieza facial fierrera y si se rompen o se funden, las tiramos por ahí para que no estorben. ¿Qué sería si hablaran? ¿Para qué queremos que hablen? No es necesario, son la prueba del delito de que el estado de las locomotoras es de “terapia intensiva”. ¿Arreglos? Cuando de algún generoso monedero se compran repuestos y otra vez a trabajar. ¿La última pasada será el soplete?
Montoto e Iglesias hacen una buena pareja. Es que por una vez se acordaron de que había que ponerse las pilas y revisar los galpones de Retiro. ¿De dónde cayeron los verdes? Que buena pregunta… mejor obviarla. Lo importante es que las muchachas enjauladas volvieron a los rieles, pero por desgracia, estamos en emergencia nacional.
Los pasajeros ¿son humanos o animales? Últimamente tengo la sensación de que para cierta gente son animales, pero en vagones de pasajeros, porque hasta los trenes de larga distancia se pueden convertir en “trenes de hacienda” donde los pasajeros viajan como ganado. Si en la línea San Martín viajan colgados y hasta alguno por ahí, en el techo, en los de larga lo último que faltaría es colgarse a viajar en los techos, en los estribos y en la locomotora. ¿Quejas? Bien, gracias, todos nos lavamos las manos y así va la cosa. ¿Alguna vez la CNRT se acordará de cuales son las funciones que debe cumplir? Creo que hay que recordárselas, pero por el momento recomiendo internarse en un convento y hacer votos de silencio hasta esperar una solución.
¿Entienden ahora que lejos de avanzar retrocedemos cada día más? Y después decimos que la culpa de todo la tiene Anne Kruegger y el maldito FMI. No hay dudas, volvamos al arcaísmo puro porque este cuento lo tenemos muy bien domado.
Autor: Valeria Benitez

Pico y su rebeldía XV

Filed under: Uncategorized — @ 4:49 pm

Ja!
¿Rebeldes anónimos? Sí…
En todos los lugares que se quiera, en todos los rincones de esta Argentina.
¿Rebeldes anónimos? Y sí… yo lo admito.
¿Por qué tanta rebeldía? Y si provocan que lleguemos a ese extremo.
¿Medios pacíficos? Hagamos la rebeldía a nuestra manera pero sin violencia.
¿Anónimos? Bueno… no tanto. Metemos ruido pero en fin… sabemos por dónde descargar la ira.
Epa!
¿Es el siglo XXI? Sí. Aunque tal vez seamos la Francia del siglo XVIII.
¿Feudales ferroviarios? Mmmm, tal vez.
¿Materia gris ferroviaria? Perdida por ahí…
¿Profesionales? Sí, claro, pero muchos distan de serlo.
¿Sabemos lo que hacemos? Creo que todavía no está muy claro del todo que digamos.
Pará!
¿Qué clase de trenes queremos? Trenes dignos.
¿Qué clase de trenes tenemos? Ay… que buen tema.
Pero… ¿conocemos que es que defiendan al pasajero? No. Solo sé que hay un deporte llamado “tomar el pelo al pasajero”.
¿Cómo vamos en materia tractiva? Ups! Cambiemos de tema mejor.
¿Qué hacemos ahora? Mejor sería preguntar ¿qué podemos hacer nosotros desde nuestro lugar?
Amalaya!
¿Nuestras vías? Mejor dicho “Pobres vías nuestras”.
¿Por qué pobres vías nuestras? Y encima hay de esos que no se quieren dar por aludidos.
¿Eficiencia? Algo similar a Inteligencia 0.
¿Tan bajo caímos los ingenieros? O si se puede decir ingenieros ferroviarios.
¿Cuánto hay por demostrar? O puede que su cerebro se reduzca a la quintuagésima parte de lo que es en realidad.
¿Cómo van los empleados? Cha, cha. De todo. B y M.
¿Por qué B y M? Digamos que la mayoría son M.
¿Y la B? Solo se reduce a un pequeño grupito que juntos hacen la Logia Lautaro.
Desastre ¿no? Kaos total.
Pa’que diablos me vua dir!
¿Allá cómo anda? Como la mona.
¿La caja de empleados recaudadora? Por eso mismo.
¿Los libros? Las cuentas no cierran.
¿Obras? Los 37 millones y medio de argentinos.
¿Cómo? Y sí, un disfraz de lo que se hizo hace 11 pirulos atrás.
¿Cómo se logra entender? Consultar a un vocero y con eso está todo dicho.
Oh no!
¿Así se llega a cometer actos violentísimos? No sé si de tan tamaño calibre, pero todo es válido.
¿Emergencia ferroviaria? Es que hace rato el sistema ferroviario está en terapia intensiva.
¿Todo? 100% efectivo.

¿Eso es rebeldía anónima? Y sí, hay muchos cerebros que piensan demasiado y hay que sacarlos del medio.
Autor: Valeria Benitez

Café Ferroviario XIV: Tragedia Metropolitana II

Filed under: Cafe Ferroviario — @ 4:47 pm

Lomas vio hace un tiempito atrás la tragedia metropolitana, de como era tan fácil caer en los abismos más hondos gracias a ciertos personajes. Pero pareciera que la cosa ya no se logra ocultar en ninguna parte, todos la ven, todos lo saben. Y ahora un medio mundo entiende el porqué.
En el patio al aire libre aterrizó Nancy, se extrañó de estar en Escalada. Le hacía compañía Mercedes. Y luego a los cinco minutos estaría presente Macarena. “Pero a esto le falta algo” – dijo Mercedes.
“Si, claro, las chicas de 4” – contesta Macarena.
“Pico… Karpik…” – dice Nancy.
“No Nancy, están allá, ni lo sueñes…” – le contesta Macarena.
Con la lengua afuera llega Menéndez “Siempre que circulo por ahí, encuentro las cosas podridas” – dice.
“¿Dónde?” – pregunta Bragado.
“Pará Menéndez – dice Altamirano – el donde es la M”.
“¡Yo sí!” – exclama Chascomús
“¿Qué le pasa a Chascomús?” – pregunta Nancy.
“Espera a que conteste” – le responde Mercedes.
“Metro… Metropoligarcha! Ji, ji!” – dice a los cuatro vientos Chascomús.
“Y miren este sector, ¡Miren quien habla!” – dice Temperley.
“Mejor no metan las narices en Maldonado…” – dice Macarena.
Menéndez la mira a Macarena y le dice “¡Vos te crees que somos o nos hacemos las gilas!”.
“¡Bajenle los humitos la, la, la, la!” – hace burla Dalceggio.
“Milagro que Dalceggio haga burlas…” – acota Mercedes.
“Bien, como dijo Chascomús, el asuntito de Metropoligarcha parece ser una comedia tragicómica” – dice Menéndez.
“Yo diría que ese cuentito de Metropolitano que se garcha, esfuma o aspira viene de hace años luz” – dice Macarena.
“¿Te parece? Creo que desde que tengo uso de razón, al San Martín no supe que era que le funcaran todas las locomotoras” – dice Chascomús.
“Fijaos en una cosa: hace unos varios años atrás, en el San Martín había como 20 locomotoras y solo andaban 5 o 6 y hoy por hoy, 2004, seguimos igual que cuando vinimos de Puerto Palos” – dice Nancy.
“Argentina, año verde” – joroba Chascomús.
“Y después que la televisión hizo un cacho de quilombo, las chicas salieron del encierro” – se atreve a hacer una burla Altamirano.
“¡Ni digas! Igual siguen todos colgados ¿verdad?” – dice Nancy.
“Y bue… ya probamos una hipótesis y no resultó, será que habrá que probar una segunda hipótesis a ver que pasa” – dice Temperley con lenguajes científicos.
“Yo te lo explico Nancy: los servicios siguieron siendo una tomada de pelo al público” – dice en un lenguaje bruto Chascomús.
“Ya lo creo…” – dice Nancy.
“Ya lo creo que siempre nos meten en el cerebro el cuentito de que los servicios van a mejorar en poco tiempo” – dice Macarena.
“Y luego se olvidan, que vamos a hacer, promesas que se diluyen. Nuestros trenes nunca serán lo que tienen que ser…” – dice Menéndez.
“Como ciertos personajes dijeron que seremos un país soberano el día de la escarapela” – dice una ironía Bragado.
“No hay problema chicas: los trenes serán soberanos el día de la escarapela” – hace burla Dalceggio.
“Con mucha razón, el día de la escarapela veremos que en los trenes de Metropoligarcha Saint Martín la gente dejará de viajar como sardinas enlatadas” – dice Temperley.
“Temperley, las sardinas enlatadas no se escapan por ningún bujero de la lata, acá rebalsan, así que son una especie de ramillete y así nos va luego…” – aclara Mercedes.
“Y eso que no metieron las narices en los talleres en Retiro. Por lo que me dijo La Chabona, dice que allá adentro hay mugre, locomotoras a patadas y varias desmanteladas, y otro grupito están presas por ser culpables sin arte ni parte” – dice Menéndez.
“¿Culpables de qué?” – pregunta Macarena.
“Resulta que varias chicas quedaron presas porque Metropoligarcha no garpó el alquiler y bueno, ese es el resultado que trajo” – contesta Temperley.
“Pero Temperley y Menéndez: ¿no se acuerdan que Altamirano dijo que ya habían salido del encierro?” – les recuerda Bragado.
“Raro que Altamirano no le haya recordado…” – agrega Chascomús.
“Ah, si, si, lo que pasa es que ando un poco por los aires…” – responde Temperley.
“Ya lo creo… si en la línea San Martín la cosa es de terror, acá no está mejor que digamos” – dice Mercedes.
“Chocolate por la noticia” – dicen Dalceggio y Chascomús a la vez.
“Vaya novedad que el ramal a Korn es un desastre, no mejor que a Ezeiza y sin comentarios a Haedo…” – comenta Bragado.
Pero bueno, acá todos somos auxilio de todos, por ejemplo, el Roca permanentemente vive auxiliando al San Martín en materia de tracción, no se prestan las estaciones porque no se las puede mover” – dice Dalceggio.
“Puf, alguna vez me dijeron que los vagones del servicio eléctrico son de lo peor” – dice Nancy.
“Mmmmm… Sin comentarios Nancy” – contesta Chascomús.
“Si en el Sarmiento también viajan como ganado en el eléctrico, después nos sorprendemos del San Martín diesel” – dice Macarena.
“Y otra cualidad importantísima de Metropolitano” – agrega Mercedes.
“¿Cuál?” – preguntan Nancy y Macarena.
“Lo diré yo – dice Bragado – Esa fiel capacidad de prometer y dejar todo inconcluso”.
“¿Cómo es eso?” – pregunta Macarena.
“Fácil: prometieron la eléctrificación hasta Varela y por el momento, naranja y media” – responde Bragado.
“Y bueno muchachas… Menem lo hizo” – dice Dalceggio.
Las demás se miran. Chascomús dice “Los argentinos por la boca morimos”.
“¿Y por dónde más morimos?” – pregunta Nancy.
Autor: Valeria Benitez

Los cuentos de Bolívar y María Eugenia XIII: El maquinista T

Filed under: Uncategorized — @ 4:47 pm

ota: Toda coincidencia con la realidad es pura casualidad.
Horacio es maquinista. Vive en Bahía desde hace unos años, 11 según él. Trabaja en los trenes desde hace unos 15 años, así dicen sus compañeros. Su edad data en 37 años pero aparenta tener unos cuantos menos. Añora su querida Santa Fe, en donde pasó su infancia hasta que los trenes lo trajeron hasta aquí.
Entrar al ferrocarril no le fue simple. Pasó por todas. Primero fue cuadrillero en Santa Fe, después pasó a ser cambista en la localidad de Ramallo para después devenir en boletero en Retiro San Martín y allí sus puertas se le abrieron a un horizonte impensado: es que en el futuro sería maquinista.
Horacio soñaba en realidad con ser Ingeniero Petroquímico pero la emergencia económica lo forzó a ésto. Pero se sintió bien. Aparentando aceptó hacer el curso y como él mismo dice “Me costó sangre, sudor y lágrimas” llegar a serlo. La práctica fue otro tanto. Pero una vez que aprendió y se puso canchero, se acordó de todo el esfuerzo que hizo. Para ésto, tenía como 29 años.
“A Horacio nunca se le conocieron novias” – dijo un compañero en el Mitre. Pues era verdad, Horacio no se daba fácilmente con los demás, tendía siempre a lo solitario, a aislarse con los periódicos o con los libros, eso sí, cualquier información él siempre la sabía con lujos de detalles y eso hacía que los demás compañeros sintieran por él una profunda admiración. Sabía de todo… “Era de todos y no era de nadie” – cuentan sus compañeros.
En 1993 Horacio fue trasladado por Ferrocarriles Argentinos a Bahía Blanca. Allí pasó a prestar servicios también como maquinista. Conoció desde Maldonado hasta Spurr, y no por encima, sino como la palma de su mano. Otra de las cosas que tiene presente es que el trabajo de maquinista puede ser el peor de todos. Recuerda accidentes, desde los más leves hasta los más graves. Y se enoja. Se enoja con razón contra los peatones y automovilistas.
Hoy es el año 2004. A sus 37 años carga en sus espaldas con una causa judicial como si fuera el culpable de un homicidio. Hace dos años atrás atropelló a una familia que viajaba en su auto y dos resultaron muertos. Los sobrevivientes le iniciaron acciones judiciales y Horacio vió sus bienes embargados como una justicia que día a día ve cómo lo manipula, como le muestra su peor cara y que día a día lo acorrala económicamente.
El juicio no terminó todavía pero a Horacio los problemas se le acabarían tan pronto como él lo pensara. Era lunes. Para el día miércoles, Horacio no era más Horacio, sino era otra persona: pasaría a llamarse Martín y externamente él mismo sufriría unas modificaciones para que nadie supiera que él mismo truchó su identidad: su DNI sería otro y con él podía seguir circulando como si nada. El nombre de Horacio se expendió también un certificado trucho de muerte por paro cardiorrespiratorio. Horacio –o Martín- estaba tranquilo, puso sus nervios de acero y con los pesos que tenía guardados recuperó su casa –que para la justicia la compró-. Horacio siguió trabajando de maquinista, pero con el nombre de Martín, sus compañeros sabían perfectamente que por atrás, esta persona era el “Maquinista T”.
A Martín la justicia no lo molestó nunca más, la familia todavía repudia a Horacio pero lo que menos saben es que la persona a quien repudian es T, un autentico ciudadano T.
“Argentina es un país hermoso, bello y lo quiero porque aquí nací y me hice como persona pero la justicia se ha portado muy mal y gracias a ella, ahí tienen los resultados que querían. Hay una frase que dice que un país cuanto más corrupto es, más leyes necesita” – dice a modo de conclusión Martín.
Autor: Valeria Benitez

Café Ferroviario XII: Locomotoras ¡vivan todavía!

Filed under: Cafe Ferroviario — @ 4:45 pm

Anastasia porta el número 9046 y un buen día salió a pasear, eso que Elisabetta le dijo que se llevara un mapa del lugar, pero hizo caso omiso.
Una noche oscura, de lluvia y viento, paró en un desvío un tanto “fantasma”. Estaba sola en el medio de la vía y en este caso, nadie la podía sacar de apuros. Una puerta le impedía llamar.
Amaneció. Seguía la lluvia. Ella parecía haberse apostado a esperar que abrieran ese portón, era demasiado temprano. Entonces se acordó de los cuentos que todas las noches le hace Elisabetta antes de dormir.
Finalmente el portón fue abierto. Un empleado de poquísimas pulgas la miró y le pasó indiferente. Luego pasaron tres más con las mismas caras que el empleado anterior. “¿Habrá alguno como la gente?” –fue la pregunta que se hizo a ella misma.
Pasaban los empleados y uno le preguntó al encargado sobre aquella forastera. Una levísima distracción del encargado de la puerta le permitió a Anastasia ingresar a ese sitio.
Anastasia avanzaba sigilosamente y se topó sin querer con colegas suyas. “Bienvenida Anastasia” –le dijo Lanús.
“¿Dónde estoy Lanús?” –le preguntó a modo de súplica Anastasia.
“Maldonado” –le respondió por lo bajito Quequén.
“¿Qué hacen por aquí?” –preguntó Anastasia.
“En reparación” –contestó Lanús.
“¿Y vos Quequén?” –pregunta Anastasia.
“En una reparación astronómica ¿viste? Porque viste como es…” –dice Quequén.
“Esta con la astronomía ferroviaria no entiendo un pomo…” -dice Lanús.
“Es simple Lanús. En el cielo las estrellas, en el campo las espinas, en los talleres te lo explico: las estrellas son los tornillos, los agujeros negros los carburadores, el sol las luces y faros y los planetas la cabina. ¿va la cosa?” – responde primero Anastasia.
“Mmmmm… Algo de eso o que se yo… Soy tan burra que hasta ignoro la causa de porqué estoy rotada” –dice Lanús.
“Vos de burra, porque Mardel las tiene a todas claritas” –le dice Quequén a Lanús.
“¿Quieren que le diga a Elisabetta que haga un cuento de esto?” –señala Anastasia.
“Mira Anastasia, con Mardel aquí hace de cuenta que es Pergolini, Gianola y Morgado” –le contesta Quequén.
“Justo, mirá: Lomas” –dice Lanús.
“¿Quieres un baño allá ajuera?” –le pregunta Anastasia a Lomas.
Lomas se quedó boquiabierta. “¿Salistes del chatarrero 4?” –pregunta Lomas.
“No. Tan luego soy un abejorro. ¡Te hubieras quemado hasta…!” –se exalta Anastasia.
“Shhhhhhhhhhh… Lomas es así, siempre hace cargadas estúpidas” –le dice 9056- A mí por suerte dentro de poco me van a mandar al quirófano”.
“¿Por allá?” –pregunta Anastasia.
“Hola Anastasia. ¿Qué haces tanto tiempo?” –saluda Sierra.
“Bien gracias. ¿Por qué duermes aquí?” –pregunta Anastasia.
“Anastasia… La naturaleza me repudia: me cayó una rayo encima –dice Sierra – ¿Dalceggio?”
“A ella no la veo nunca. Envíale cartitas a Elisabetta” – le responde Anastasia.
“Cobo recibió una carta de Bahía dando cuenta de que Karpik y Pico se iban por otras pampas” –le dice Sierra.
“Y Bahía hizo realidad su sueño de conocer las ciudades de Bolívar y Daireaux” –cuenta Anastasia.
“Che… Oye Anastasia ¿Todavía hay agallas para aguantar tanto tonelaje encima?” – pregunta Lanús.
“Y… como dijo Eli: “Todo es posible”” –acota Anastasia.
“A Ringuelet y a Banfield no se les conoce que es que digan algo” – dice Lomas.
“Te ven a vos y huyen” –la carga Anastasia.
“Matecito…” –dice Sevigné.
“¡Que cara vieja!” –le dice Anastasia.
“Vienes acá para agusanarte, no sé cómo seguirá el asuntito de Metropolitano y la incautación” –dice Sevigné.
“Igual que cuando se vino de Puerto Palos” –empieza Mardel.
“¡Llegó la alegría del hogar!” –dicen Cobo, Quequén y Lanús.
“Evidentemente sos la jodona del lugar” –le dice Anastasia.
“Yo me encargo de las joditas… Por ejemplo, la grandiosa amiga de Quequén, Elisabetta, se prendió fuego con el “Culturral”” –dice Mardel.
“¿Coooooooommmmoooo?” – pregunta sorprendida Anastasia.
“Sé… Pero su otra colega no está muy bien que digamos” – sigue las ironías Mardel.
“A mi no me miren…” – dice Sierra atajándose.
“Pregúntale ese cuento a Bahía” – le dice Lomas.
“¿Qué joroban muchachas?” – pregunta dormida Bolívar.
“¡Llegó el perro trompudo!” – hace una cargada Lomas.
“Anastasia, como Lomas no tiene otro trabajito, se dedica a eso” – le dice Bolívar a Anastasia.
“Ya lo creo, mis orejas están coloradas. Me han contado de todo, de sus peripecias y lo que es dormir acá” – dice Anastasia.
“Eh Guacho!” – jode Mardel al encargado.
“¡Sos loca! ¿Quieres pasar por el quirófano?” – la reta Quequén.
“Pero chicas, jodamos ahora que el destino está sellado, porque dentro de un tiempito más estaremos como los indios, a los gritos, a los codazos y en bolas” – la remata Mardel.
Lanús la mira a Bolívar y ésta le dice “Y si lo dice ella…”.
Autor: Valeria Benitez

Café Ferroviario XI: El humor acerado de Mardel

Filed under: Cafe Ferroviario — @ 4:44 pm

Bueno chicas, digo, a todas las chicas que se prenden a la joda, que demuestran que esto es una mera jodita, una jodita para Videomach… cuando digo chicas me refiero a mis compañeras, hermanas y colegas, sí, quien no lo sabe, urgente vayan por Constitución o un poco más cerca, Once, solo les pido que no se olviden de telefonear a A920 que está re agusanada de estar encerrada, pro ese es otro cuento del que hablaré luego. Volviendo, disculpen que me salí de libreto, como decía, tanto tiempo dándole con el hacha a todos, aquí estoy dispuesta más que nunca a darles un chas chas en la colita, como los chicos que se portan mal… Hace tiempo que estoy dándole con el hacha, sin medias tintas, ni distinción de razas, pelos, marcas y colores, pues se sabe chicas, todos provenimos del mismo laboratorio, aunque hay muchísimos laboratorios en estas pampas…
Pues esta vez tengo ganas de hacer memoria, pues algunas de ustedes este mambo lo tienen super clarito, como el agua podrida del pestífero Riachuelo –pobres pescaditos que transitan por ahí- pero hay otras que saben un 50% y otras que no saben y varias que no lo entienden. A ver si entendemos y aprendemos un cacho ¿puede ser?
Vamos a retrotraernos en la memoria, el plano político va a ser nuestra columna vertebral para entender esto, y luego van a ver que es como un trencito: locomotora y vagones, nada más que el resultado de esto es un largo larguísimo convoy… un tanto pesado de arrastrar. Pues es que voy a remitirme a 1993, la era en que Internet ni correo electrónico no estaba al alcance de ninguno, donde por ahí el Estado era Estado, aunque empezaba a fragmentarse, no había Soledad ni Nocheros que sonaran, no existía el diario Clarín a colores ni los DVD pero sí existía la Caja Boba, aunque aquello que perdíamos de ver, chau, pues no había triple doble ve, y tantas cosas teleinformáticas que permiten ver las cosas a la velocidad de la luz pero si existían ciertas personas que más que favorecernos, nos recagaron… y con todo, como de arriba de un techo. En ese entonces los trenes eran cosas bien conocidísimas pero el asuntito era que estaban un poco arcaicos y molestaban. Pues en ese entonces era un simple número y pare de contar. Vean, los pibes se mueren por tener un trencito de plástico es que los papis vamos a la juguetería –No a Expreso de Oriente a comprar algún accesorio de Thomas y sus amigos- sino a comprar trencitos de plástico por pocas chirolas y de paso por atrás los trenes de la realidad protagonizaban una batalla, una especie de Azules y Colorados de la época de Guido, que el vencedor era el que tenía más tanquecitos, que por ahí alguna bomba caía sobre nuestras casas y nos las volaba por los aires… Mientras los trenes no sabían de que lado ponerse porque ambos decían que lo hacían por el bien del país, pero les digo sinceramente, yo estaba como los indios en el Roca, yirando por la costa mientras lo único que podía decir era “Soy indio, antes estaba en taparrabos y ahora estoy en bolas”. Dije que en 1993 no había tanta tecnología pero sí existían los personajes, desde que tengo uso de razón y desde que empecé mi existencia, la política es algo muy viejo, ya estaba desde hace tantos siglos antes de que naciera Cristo… pero a la política en Argentina la trajeron los colonizadores pero en 1816 nosotros nos ocupamos de hacer y deshacer a nuestro antojo, pro no me preocupa, pues no existía, esa historia hay que preguntársela a la chicas que perduran en los geriátricos –ya voy a hablar también de eso-.
Bueno, ¡basta de palabrerío, presentación y que se yo! Voy a hablar de este personaje. En ese entonces, 1993 –año de partida por si se perdieron-, cuando diga lo que sigue les va a sonar muy enseguida. Mientras tanto, también unos 10 años más pero atrás estaba Alfonso en la Rosada y los precios por las nubes, un negrito riojano testarudo y patilludo venía haciéndo la rebelión en La Rioja y ya tenía todo el plantel listo –los 11 titulares y los suplentes, más preparador físico y asistente de entrenamiento, incluyendo DT- decía tener la solución a la inflación, pero digan que si los argentinos nos hundimos económicamente en ese entonces fue por las maravillas realizadas por J. Sourruille y, como no puedo olvidar, no me puedo olvidar si andaba con el culo a cuatro manos porque no sabía si en algún viaje a MDP en algún paso a nivel podía toparme con un tanque y que me volara la tapa de los sesos… Bueno, la cuestión es que ese riojano decía tener la solución para sacar al país a flote y como la cosa iba de mal en peor, nos volvimos a sumergir en promesas políticas, en especial, yo me refiero a las del negrito patilludo que prometió al estilo Perón y como un perfecto arquero se mandó la atajada de fines de la década del 80: el sillón en la Rosada. Entonces este negrito patilludo se dió cuenta más de la cuenta de los beneficios del poder: vos vení acá, vos andá allá, para vos esto, así todos se fueron acomodando, entre ellos algunos paisanos que trajeron dolores de cabeza sospechados de fundamentalistas o cosas por el estilo… También subir al poder le sirvió para acomodar su imagen y entonces todos empezamos a llamarlo el Turco. El Turco –o como le quieran llamar- acertó el blanco en el puesto de Economía: entonces apareció por segunda vez a jodernos la vida el Pelado –corrijo: voy a llamarlo Pelao Botón- y al principio, las cosas marcharon bastante bien –o aparentemente bien-. La cosa es que 1993 fue el año negro de los trenes: como dije al inicio, mientras en la política eran una especie de Azules y Colorados, muchos andábamos con los destinos inciertos, salió el resultado definitivo: de la noche a la mañana salió un decreto con los trenes que se irían para no volver y por otro, los trenes a concesionar: vale en esto una acotación, que lo privado es la administración. Ahora ustedes me van a preguntar ¿Qué tiene que ver el Pelao Botón? Porque formó parte en las comitivas para las concesiones… en un lenguaje un poco más fino, licitaciones. Mucha reglamentación ¿para qué? Desde 1993 hasta la fecha, que yo sepa, los reglamentos adornan toda esta cuestión, porque su función es –al igual que la Constitución Nacional- la de ser el papel higiénico porque como Mario Pergolini inventara aquel versito que dice “Me chupa un huevo / soy Barrionuevo” –personaje que también integró este equipazo, ya diré que hizo-, flor de papel higiénico. Y, uno desde el ambiente ferroviario llorábamos amargamente esta derrota y los argentinos nos daban la espalda, seguían inmersos en la idea de los trenes privados eran la mejor de las soluciones, pero para eso ignorábamos eso llamado CNRT, no sabíamos que su función era proteger al usuario de los abusos de las empresas, todas esas empresas que un día nos caímos del catre y nos desayunamos con esa sorpresita, pro ninguno de todos nosotros dimos cuenta que esto era peor el remedio que la enfermedad.
Bueno, la cuestión es que Ferrocarriles Argentinos quedó desterrado por el momento y cada uno empezó a rodar con quien le corresponde. Lo que sí, alguno alcanzó a escabullir, cosa que pasa hoy en día, locomotoras y vagones pasaron a convertirse en proveedores de repuestos. Pero cómo no íbamos a sacarnos de encima el transporte ferroviario si era más barato o ¿barato? viajar en micro o avión, porque resultaba que el Pelao Botón había implantado una cosa llamada “1 peso, 1 dólar”, entonces era más simple comprar basuras provenientes de China y enviar a los caños a la industria nacional. Claro, muchos añoran esas épocas pero eso es al divino pedo. Y bueno, así llegamos hasta 1995 año en que una nueva rueda electoral decidió por fraude –que deporte favorito en Argentina. Lean un poco la historia- que el Turco ya había estado seis añitos en el poder, modificó la Constitución Nacional a su antojo para quedarse a rompernos los kinotos unos 4 años más… Hasta 1995, el mapita ferroviario pasajero había sido tijereteado, pero tan bien tijereteado que los que trenes que quedaron pudieron decir “Al menos contamos el cuento”. Pro he de contar una yapita: Don Alvaro dijo hace años luz que había que pasar el invierno y ahora teníamos jodiéndonos la vida a la nena que mandaba en Medio Ambiente, que lejos de preservarlo se vestía con pieles de bichitos en peligro de extinción. Pero volvamos a los rieles. La mitad más uno de las chicas cambiaron sus numeraciones originales, no debían quedar rastros de la época de FA y entonces lo primero que hicieron todos fue la parte externa y gastaron millones de pesitos en litros y litros de pintura cuando motorísticamente por ahí andaban como el tuje. Por lo menos en el sector mío, estatal provincial –aclárese- seguimos tal cual cómo era antes pero otra cosa nueva que surgió –esa sí que es lo único rescatable-: los apodos. Dicen que las locomotoras en el sentido de la palabra es femenino, bueno, en el sector mío recibimos nombres de localidades, es por eso de mi apodo pero en otra empresa las locomotoras tienen nombres de mujeres, del más conocido hasta el más estrambólico, todos los que se crucen por la cabeza. Hasta ese momento la cosa marchaba “bien”, bien prendida de los pelos, en materia de larga distancia. En el sector local… como nunca empecé a ver eso llamado molinetes pero otra cosa aún más asombrosa: la máquina expendedora de boletos, esa que llegan los viejitos alegres y no saben qué botón o dónde deben meter la mano para sacar el boleto. Es evidente que esa persona llamada boletero puede sonar a “empleado de sobra”. La pregunta mía del millón es ¿qué problema se hacen ellos si total los 37 millones de argentinos pagamos los sueldos ferroviarios? Quien tenga la respuesta que me envíe un cabo.
Bueno, bueno, mencioné a Barrionuevo, dirán ¿y éste no es personaje del ambiente ferroviario? Sí gente, tienen razón, pero se hizo muy célebre por la siguiente frase “En este país nadie se hace rico trabajando y para que los problemas se solucionen bastaba con dejar de robar por dos años”. Y si él lo decía, sabía porqué, pero ese porque lo tiene muy clarito desde que se desarrolló tipo un baobab como los que describe el Principito.
Y así el Turco se quedó en la Rosada y los trenes… bien gracias. La cuestión es que las cosas no estaban funcando bien: ya había habido incidentes con los revoltosos cuarteleros y si a eso le sumamos que dos bombitas nos cayeron sobre sitios de judíos provenientes no precisamente de tanquecitos argentinos, sino de tanquecitos de vaya cada uno a sospechar de donde, luego se culpan uno al otro pero yo les digo una cosa: esas bombitas los judíos si quieren saber el final de esta historia van a tener que esperar unos varios millones de años más, para ese entonces, varias generaciones estarán descansando bajo tierra. Pro eso no es todo, la paridad, la platita dulce, empezaba a traer sus complicaciones: al mismo tiempo en que vertiginosamente lo nacional se iba a los caños, subía el desempleo y nadie decía que eso era culpa del 1 a 1, entonces empezó a sonar algo llamado “Efecto Tequila”. Yo no entiendo un pomo de economía, pero lo que sí sé es que en ese entonces, en materia ferroviaria, nadie, ni los periodistas que meten las narices en todas partes –hablan de todos los temas pero no saben un pomo de nada- observaban que las cosas estaban prendidas de los pelos…
Desde 1995 hasta 1999, cuatro añitos solamente, pasaron varias cosas, y los trenes, como dije dos veces anteriormente y ahora voy a cambiar, no diré que estaban atados de los pelos, ahora los estaba pasando por encima el tifón exterminator, porque la verdad es que los trenes de veras, estaban hechos percha. Mientras por afuera se quejaban por la corrupción, los docentes plantaban una carpa blanca frente al Congreso Nacional por mejoras de sueldos, ¿no era mejor enseñarles a los chicos que nuestros trenes hicieron al país y ahora no los tienen? Suena muy educativo eso de enseñarles a ver qué clase de tipos pululan estos ambientes, si sobre todo nos ponemos a hablar de Montoto, Iglesias, Maturano, Daer, Pedraza –también tengo letra, paciencia- entonces les digo que estos personajes son algunos de los ingredientes de los laboratorios argentinos. Que luego me hablen de corrupción…
Para este entonces, el Pelao Botón se las había pirado y en su lugar vino un chabón llamado Roque Fernández, pero lo voy a llamar Roteque. Y la economía seguía así nomás… como quién dice, haciéndo un flor de tumba carnero y los trenes aquí estábamos como en 1993, sin saber por quien decidirnos porque a nadie se podía creer. Pro los argentinos sí tuvieron a quién creer: ¿Sabioly? ¿Cómo no nos vamos a olvidar de Sabioly y su famoso Tren de la Esperanza? ¿Naaby? Mmmmm, solamente para sacarnos a los secuaces provenientes del Laboratorio Perón bastaba, sin pensar que sus promesas eran peor que las tortugas que la CGT le tiraba a Illia. Y así llegó octubre y llegó el añorado 10 de diciembre de 1999 en que el Turco –ahora lo voy a llamar Charly- se iba… de la Rosada, claro, pero las cagadas realizadas continuarían perdurando por el pasar del tiempo… No adelantemos, vayamos a las promesas electorales.
Algo que me olvide de 1995, algo que solo unos pocos recordamos, es que salió un gobernador patagónico a prometer el regreso de los trenes y se recorrió la RA pero en 1999 el Tren de la Esperanza tapó toda evidencia de promesas electorales, trenes y política y mas promesas… Un vagón exclusivo para Sabioly y para otra persona que lástima que se bajó de los escenarios para hacer política pero le digo algo amigo: siga cantando porque como político es usted una verdadera bazofia. Pero no todos estaban muy contentos en el trencito de Sabioly, basta recordar la mufa de los pobladores de Stroeder le costó quedar preso y seguir viaje en micro… vaya uno a saber qué pasó y finalmente este trencito un día cualquiera aterrizó en Retiro Mitre, y se mandó el acto del fin de siglo, a ver si lograba convencer a las masas solamente con el fin de un votito.
Volvamos a la línea, Naaby se llevó todos los galones pero yo no entendía a este gobierno aliancista, por un lado queríamos sacar del medio a los remedios del Laboratorio Perón pero aún quedaban otros productos de ese laboratorio –por si no saben recuerden quién se tiró primero del Titanic- y Naaby tuvo que hacer de capitán, fue una función que ejerció muy bien, otra tortuga peor que la Illia, sabía perfectamente cómo hacer la plancha, podía sonar a que no tenía cerebro si la Inesita y Tony tenían tantas neuronas atrofiadas que el resultado no pudo ser que una tragedia idéntica a la vivida con Charly. Pasaron tres ministros de Economía pro el último era la tercera vez que venía a jodernos la vida… ¿saben a quién me refiero? Sí!!!!!!! Sí, el Pelao Botón, pero está vez hizo algo más que jodernos la vida, realmente como dicen en las pampas, sí que nos cagó de arriba de un techo. Ya a esta altura los argentinos no éramos los boludos de hace un tiempo atrás, incrédulos, uno sabe que hay elecciones y una semana antes de ellas no sabe ni a quién votar, entonces salió una cosa nueva llamada “Voto bronca” y no tenía un patrón que lo definiera, podía ser cualquier cosa, hasta los boletos de trenes… Solo en el interior la gente es más tontuela, pero eso no lo voy a tocar. ¿Los trenes? Ahí, bien gracias.
Y… ¿saben una cosa? Unos personajes resucitaron: esos que se dicen ser defensores de los laburantes salieron al ruedo. Hagamos un cacho de historia. Mientras en 1993 los trenes y los ferroviarios se iban en masa porque como el planteo que hizo Charly “Ramal que para, ramal que cierra”, uno todavía se sigue preguntando que dónde cuerno estaban los gremialistas que no defendían a los ferroviarios y, por ende, a los trenes. Pero como más de un argentino sospecha, diría “Durmiendo la siesta”. ¿Saben qué? Eso sí se llama ser cómplice… por la guita todo es posible. Ahora empezaba a sonar lo de los trenes hechos percha y como dije, los gremialistas en el ruedo haciéndo quejas y reclamos netamente truchos, en esta sí que se precisa ser boludo, el argentino común ya se hartó de las mismas boludeces sin sentido y por política… y que siempre terminaran perjudicándolo. Un día hasta salieron comparando el patrimonio ferroviario con el de Aerolíneas Argentinas… ¿cómo podían tener cara ahora para hablar de lo sucedido hace 10 años atrás si hace 10 años atrás los argentinos nos preguntábamos dónde estaban que no se los vió quejarse? Alguno más entendido diría “Oportunismo político”.
Pero sigamos con los gremialistas… son tipos jodidos ¿verdad? El que gana es Pedraza con el Ferrocarril Belgrano Cargas que en la pura realidad lo vació. Si queremos buscar algunos quilomberos vayamos por el sector de TBA, los peores provienen de los depósitos de Victoria y Castelar, máxime si está la Medusa ahí dando vueltas… o para seguir revolviendo tenemos unos nuevos personajes que salieron de no sé dónde, se dicen ser la Comisión Salvadora del Tren, yo no los entiendo, solo sé que prometen y prometen siempre y cuando los trenes sean estatales, no vieron que con algunas letras de su largo nombre se forma una palabrita llamada “Acomodos” porque por delante hablan de los trenes, aunque por detrás sean su papel higiénico favorito por excelencia.
Y bien, así pasaron dos añitos y un poquito en que el Laboratorio Aliancista hubo de rajar como las ratas y los trenes veíamos cómo se diluían tan rápido los gobiernos… mientras los cacerolazos se llevaban el premio a la mejor banda sonora en esta película. Hasta ví pasar a Saamy, pero finalmente vino Sabioly a quedarse. Entonces empezamos a recordar las promesas ferroviarias de trenes a lo largo y ancho del país pero eso parecía una cosa archivada, porque nadie abrió la jeta por el asunto. Y se quedó un largo tiempito en el poder, cosa de poder saborearlo un poquito y entonces en el 2003 –justito a 10 años en que los trenes dieran su saludo más doloroso- empezó la carrera presidencial, su principal ingrediente: promesas electorales. Y hablaré de personajes. Solo hablaré de las del laboratorio Perón. Hubo tres. Por un lado estaba Saamy, con la promesa de los trenes bala y otras más, el planteo que sonó era ¿cómo puede volver a ser presi de la república si cuando se lo designó a la semana huyó como los ratones? Por el otro teníamos a otra figura, ya a esta altura podía sonar a alienígena, ese llamado Charly en la versión de la re-resurrección y el cuentito de la plata dulce y los verdes a los argentinos ya provocaba rechazo de nomás mencionarlo. Y el tercero era una especie de Levingston, porque no lo conocía ni el loro, excepto los santacruceños: sí, el Pingüino, que también prometía trenes. Otra vez elecciones y casi más nos comemos una segunda vuelta que por suerte no pasó. Así que el Pingüino se hizo del poder y golpazo en la cabeza lo convirtió en un Rebelde Way, porque está haciendo la rebelión a los que vaciaron y siguen vaciando a la Argentina…
Y gracias a ello los trenes están retornando de a uno y por etapas a sus respectivos lugares: así le pasó al Gran Capitán y otros más.
Yo sé, yo sé que el Pingüino es un personaje muy bien intencionado pero hay otros que son de terror. Señora, tome lápiz y papel y tome nota de lo que diré ahora: Montoto, Iglesias, Cirigliano, Pedraza y paremos acá. Montoto e Iglesias los dos son del mismo laboratorio: Laboratorio Metropolitano, porque como alguien dijera, Metropoligarcha, se empeñó en garchar a las locomotoras gracias a estos tipos. Yo les digo una cosita: Montoto es un inventor, sabe cómo inventar para llenarse los bolsillos: una buena parte de los argentinos lo tenemos mentado como “El inventor de las maquinitas expendedoras de boletos” y gracias a ello se hizo la América… cómo que si todo le era poco, se la pasó pidiendo que subsidios y aumentos al pobre y fragmentado Estado argentino porque las cuentas de Metropolitano estaban tan en rojo de haber jugado tanto al juego del sapito tragavueltos. Pro este cuento no termina aquí: algo innovador vino a rematar a Metropolitano: el famoso leasing, implantado por Charly, así cayeron una tanda de chicas canadienses procedentes de Yanquilandia, tan renombrado es ese acontecimiento porque Charly a una de ellas la manejó, como quien dice, la tocó y la quemó, tuvo un accidente y hubo de ir a depósito. Como quien dice, lo que toca Charly… Y de mientras el choreo seguía pero nadie o ¿nadie? tenía ganas de darse cuenta de que ahí adentro la cosa estaba podrida… que los aumentos eran precisamente para cubrir el semejante agujero negro que ellos mismos habían creado mientras nos quejábamos a los cuatro vientos que el material rodante era directamente chatarra. ¿Cuanto duró ese trato? Diré que tanto como un suspiro, hace un tiempito largo que todas están presas, es por eso que dije al inicio que alguno tome el teléfono y llame a A920 para ver cómo siguen las cosas –en argentino: a ver si nos hacemos los giles y cuando salimos-. Lo de que las locomotoras estén presas es por decisión de la justicia pero lo de la crisis tractiva no: pareciera que hay brujos en la línea San Martín, o será que está muy recalentada la cosa, es que la mitad más uno de las que van allí, vuelven rotas. Pero en el Roca no está mucho mejor la cosa que digamos. Y si miramos un listado del material tractivo de Metropolitano uno concluye en que está bien surtido de material, lo que pasa es que buena parte de ello está hecho pelota y si a lo hecho pelota le sumamos el mantenimiento berreta, el resultado son los plantones, o cuando no los incendios, cosa que cada tanto sucede –y que no hace demasiado pasó-, por ende, por falta de material tractivo se vieron en la obligación de hacer un canjeo y quien mejor que para ofrecer un cambio de este tipo que ver a Ferrobaires –que no se queda muy lejos-. Hete aquí que ofrecían a la A601, una G-12 del año del tuje –que muy bien se la estamos cuidando- y a cambio de ello se llevaron a una gran potencia de los rieles: una GT-22, justo le tocó ser a Lomas de Zamora. Al inicio la cosa marchó bien, pero cómo no se podía esperar, a ella también le tocó el berretismo, lo vivió en carne propia y producto del berretismo, al tiempo nomás casi se incendia en La Plata pero en Avellaneda, ¡listo! Y a dormir a Escalada… Yo mencioné a Iglesias: cuando Montoto dijo “Chau, chau, adios”, Iglesias se propuso mandar en Metropolitano pero le fue tan bien que tuvo que pasar un tiempito encerrado en la sección Delitos Complejos, por la misma causa que lo debería haber estado Montoto. Lo que sí puede sonar a divertido y chistoso chicas, es Montoto, lo que no advirtieron es que cuando dijo “Chau, chau, adios” a Metropolitano, no renunciaba a Metropolitano: seguía dando vueltas, pero ahora desde Córdoba con el Hotel Meterfer, donde por lo menos saben allí que es pasar por una buena cirugía estética. Y la pregunta es ¿el Estado? Yo sé la respuesta: subsidios. O sea, Metropolitano y Materfer son la misma cosa, Montoto e Iglesias también, los subsidios estatales completan este beneficio. Y ahora con un tren de larga distancia, estos chabones ignoran que General Alvear es demasiado lejos como para viajar con vagones sin baños… No hay problema, entra en el radio de la sección local.
Metamos las narices en el laboratorio TBA. El primer personaje que salta a la vista es un tal Jorgito Molina, pero Jorgelín solo es una especie de Cristo y la tempestad calmada, simplemente que no corta ni pincha. Tampoco son mejores que Metropolitano. Supieron pasar por la época de tener los trenes que no daban más de hechos pelota que estaban y ellos hacían exactamente lo mismo que Metropolitano: subsidios y aumentos. Pero algún día se decidieron a hacer algo por su cuenta y dieron un retoque a los vagones, por lo menos cambiaron algo, aunque sigan siendo siempre la misma porquería de hace años luz. Pro ahí hay un escándalo super resonante: la 9039. Historia, metáfora de quienes están en la lona, se mandaron la milanesa del siglo: como la 9026 de TUFESA estaba al divino pedo en Retiro –con problemas de otra índole-, TBA tuvo la genial ocurrencia de ir a meter los ganchos y la 9039 estaba radiada, o sea, dada de baja y la cuestión es que de la noche a la mañana pasó de estar dada de baja a volver a servicio. Como si nada, muchachos, acá no pasó nada. Si vemos su listado de material tractivo, digamos que están bien provistos, el problema es que buena parte del material no está andando porque, solamente ellos supieron cómo hacerlo de goma, lo hicieron pelota y jamás se ocuparon de acondicionarlo. Así le está pasando a una sarta de GT tiradas en Liniers, de lo que sí por ahí no deben haberse dado mucha cuenta es que NCA está al asecho de ellas. Y pareciera que también había que hacer la competencia en materia de larga distancia y tiene bajo su cargo el tren a Santa Fe, pero al menos ese tren es de larga distancia, porque para Metropolitano da lo mismo local que larga.
Ahora ¿TUFESA? TUFESA no existe más, por una grave estafa que devino en una tragedia, pero bueno, ahora es NOA. NOA y NCA hacen las cosas muy bien, y eso que NOA tiene una sola locomotora en servicio y si se le descajeta, chau, pero no hay problemas: puede descajetarse en el camino que NCA lo va a auxiliar sin chistar. La cosa entre TEA y ALL es al revés. TEA está igual que NOA y se supone que ALL es el auxilio. No sé, pero sé que lejos de ser auxilio, TEA termina siendo auxilio de su propio auxiliador. La pregunta es ¿en qué quedamos muchachos? Eso sí, NCA y NOA tienen todo en paz, la guerra en el Litoral entre ALL y TEA: ALL no puede ver a TEA, por eso digo que indirectamente se parecen a una pelea de boxeo, pero dicen las malas lenguas que ALL se va a tener que rajar, una especie de Apocalipsis porque son jinetes que huyen despavoridos. Como será la cosa que Ferrobaires no puede ni usar la mesa giratoria porque hasta eso cobran…
¿Y Ferrobaires? No mucho mejor que los anteriores, si sobre todo saben mucho de pintura pero si son especialistas es romper locomotoras y sacarlas de estar radiadas una vez cada 100 años. Con esa módica suma de una cada 100 años, digamos que varias generaciones vamos a estar bajo la tumba, y el mundo puede que esté próximo a extinguirse. Yo pienso que a estos muchachos les salen carísimos los repuestos que lo que rompen no lo reparan, y si sumamos que los compañeros –sus compañeros vagones- parecen salidos del Cementerio de la Chatarra –Ideal para jugar a la Guerra de la Chatarra- que así que es una especie de TBA y Metropolitano hace unos años atrás porque ahora por lo menos están en “buen” estado. Eso sí, saben de mucha programación para temporada pero alguna vez escuché la palabra “Ferrobestias” que justamente se la dicen a la gentuza de Ferrobaires. Por desgracia, quienes están para informar informan como el culo y otros que no son de administración hacen las cosas como el diablo, más que ferroviarios bonaerenses, son bestias ferroviarias.
Por eso siempre le digo a mis chicas, que hay que tener confianza en el país, que vamos a salir adelante, que vamos a volver a ser lo que somos, dirijo esto a los políticos, ingenieros y funcionarios –no a todos, algo hay que preservar- que luego de haber leído todo ésto, que piensen dos veces lo que van a hacer, si siguen haciendo lo que hacen, yo voy a estar todo el tiempo posible para joderlos… tomarles el pelo y cuidarlos también.
Y también los quiero cuidar de la máquina de cortar imbéciles, dado que si la pusiéramos en el túnel del tiempo, nos quedaría una máquina cortando imbéciles con retroactividad… me da la impresión que la historia hubiera sido otra, metáfora que no se deja descarrilar. Pero pienso que nosotros tenemos buena parte de la culpa, así salimos en masa a hacer un mea culpa 10 años después… nosotros culpables por giles y boludos y los funcionarios culpables por no tener cerebro y, por ende, sin ideas.
Así pasaron 10 años, una década. Y nosotros también…
Autor: Valeria Benitez

April 8, 2010

Café Ferroviario X: Ajustes de fin de año

Filed under: Cafe Ferroviario — @ 7:28 pm

Acto I
Últimamente el tiempo está un poco descontrolado: o llueve, sale el sol, refresca y todo así… porque la vida últimamente va a ritmos muy vertiginosos, demasiado acelerados. Por eso el parate es signo de “descanso” o “mini veraneo”. Y eso le pasó a Lomas.
Menéndez llega a Kilo 4 y la ve a Lomas toda chamuscada “¿¡Qué te pasó vieja!?” – le pregunta.
Lomas la mira con cara de “gajes del oficio” y le responde “Yo estoy bien, nada más que estoy de veraneo, no te preocupes…”
Menéndez le responde “¿Bien? ¿A eso llamás tú estar bien? Si eso es estar bien, mi culo es un florero ¿Se puede saber quién cuerno te prendió fuego?” – pregunta al final.
“Fue un simple accidente, pero ya está” – responde Lomas.
Estaba también Remedios de Escalada pintando acuarelas y al oír la conversación, se le cayó el pincel de la boca y sus ojos se le desorbitaron. “Vaya graffiti ¿no?” – le dice a Lomas.
“No fue nada, solo me tosté un poquitito de más, no precisamente en la playa de MDP” – les dice Lomas.
“Tiene un pedo bien zaino…” – dice Dalceggio.
“¿Por?” – le pregunta Sierra a Dalceggio.
“Pero no te das cuenta de lo chamuscada que está y ella está tan fresca como si nada hubiera pasado” – le responde Dalceggio.
“Noooooooo, el sol te tostó un poquito, pero el foigo hizo el resto” – empieza a hacer cargadas Mardel.
“Meh, si, claro” – contesta Remedios con el pincel en la boca.
“No digan que hasta llamaron a los bomberos voluntarios del lugar por el incendio” – dice Sierra.
“Mirá, sabes que en ese momento, justito se formó una tremenda tormenta que se cayó un diluvio y apagó el fuego… ¡¡Lógico que tuvieron que venir los bomberos!!” – le dice Lomas a Sierra.
“¿Ahora te quedas a viajar por la costa atlántica?” – pregunta Remedios a Lomas.
“Después de la reparación supongo que volveré con EME, por ahora y por desgracia mía” – le responde Lomas.
“Que lástima…” – dice Menéndez.
“¿Por?” – dice Pico, después de oír la conversación.
“Que no se le devolvió la gentileza” – dice Menéndez.
“Ya, ya. ¿A EME, con qué?” – pregunta Sierra.
“Cha, tenemos a la A601, si ellos te incendiaron, lo bueno es devolverles la gentileza del ojo por ojo y diente por diente” – dice Pico.
“¿No tienen otro tema?” – dice Lomas.
“Ah, sí. Altamirano cambió su identidad” – dice Mardel.
“Renovó sus documentos…” – dice Dalceggio.
“Mi comadre que volvió a vía…” – dice Remedios mientras sigue pintando.
“¿Comadre?” – pregunta Sierra.
“Pero si Altamirano y Remedios juntas son dinamita” – le responde Menéndez a Sierra.
“¿Cómo que cambió su identidad?” – pregunta Pico.
“Ella no, pero se la cambiaron por la de Carmen de Patagones” – responde Menéndez.
“La otra vez me dijo que su nuevo la desagradaba, así que me pidió que la llamara por su apodo original: Altamirano” – acota Remedios.
“¿Si le enviamos unos humitos a Altamirano?” – propone Pico.
“Ya va a venir, cuando venga mando aviso” – dice Lomas.

Acto II

Es de noche. Llegó Altamirano de su viaje por Carmen de Patagones. Lomas por el momento sigue allí.
Son las 2 de la madrugada y por fortuna encontró un teléfono. Telefoneó a A920.
L – “Hola”
A920 – “Hi, what’re you?”
L – “Perfecto chabona, aquí de veraneo”
A920 – “Me enteré que te prendiste fuego”
L – “Si, por eso estoy de veraneo”
A920 – “Justo, porque yo me estoy agusanando de estar acá encerrada como preso e’ comesaría”
L – “¿Ves la caja boba?”
A920 – “Algo… porque tomas el perremoto y das vueltas por todo el cable para terminar muriendo en los canales de cable y en fin, boludeces y más boludeces, ninguno se saca ventaja”
L – “Acá las cosas andan bastante moviditas: a mi compañera Altamirano le cambiaron el nombre por Carmen de Patagones, yo con la novedad del incendio, viajes de aquí y de allá… paros y retrasos por el otro…”
A920 – “¿Carmen de Patagones? ¿Al confín de la PBA?”
L – “Exacto. Ni siquiera he podido hablar con ella para comentarios y pormenores de viaje ni nada. Me enteré que estuvo Anamá Ferreira”
A920 – “¿Qué hacía esa ahí? ¿Cholulismo?”
L – “Mmmmm…, tal vez. Que se yo. Sé que en materia institucional hay una baranda espantosa”
A920 – “Metropolitano ¡Adiviné!”
L – “Esos ya son como la grasa y el chicharrón. Me refiero a otras instituciones, como el Ferroclub y la FIAF”
A920 – “Aaaaahhhhhh! Ni enterada boluda. ¿Por qué baranda?”
L – “Uno por Casagrande y el otro por un abogado chorro llamado Noms”
A920 – “Una especie de Montoto e Iglesias, ni un hilito los corta a los dos”
L – “Es que entre gitanos no se adivinan la suerte”
Altamirano se ríe, al igual que A920 del otro lado de la línea.
A920 – “Un brujo”
L – “Maturano: cualquier día le adivina la suerte a los ferroviarios”
A920 – “Te dejo Lomas, el movimiento se está poniendo pesado. ¿Está en silencio allá por 4?”
L – “Si”
A920 – “Que suerte. Adios”
L – “Chau”
“Hola Lomas. No sabía que te habías tostado de más y ahora estás en el Hospital 4” – le dice Altamirano a Lomas.
“Preguntale ese cuento a Remedios, o a cualquiera de las que pernotan las 24 horas aquí” – le contesta Lomas.
“Bueno, me voy a dormir, ¡no jodas con la radio!” – le dice Altamirano.

Acto III

El día despuntó. En Kilo 4 todos duermen. ¿Todos? No, Mansilla salió tempranísimo en busca del periódico para ponerse a tono.
Lomas tuvo una noche de insomnio y está con la cara larga escuchando la radio.
En el patio se juntaron. De a poco fueron llegando y empezó la hora de la lectura. Para ellas la “lectura” es ponerse al día de las noticias, excepto para Mardel que ponerse al día de las noticias es equivalente para luego hacer cargadas a las demás.
Luego de un rato prolongado, empiezan los comentarios. Para romper el hielo, lo hace Altamirano “Yo ni me acuerdo qué día me fui a Carmen de Patagones. Solo sé que estuve en Maldonado…” – relata.
“¡¡¡¡¡No me digas!!!!! Y Bolívar mandó saludos por estos pagos ¿no?” – empieza Mardel con las cargadas.
“Ni pude hablar con ella. Os cuento que es simplemente una montaña de hierros retorcidos abandonada…” – relata Altamirano.
“¿Se puede saber quién la convirtió en eso?” – pregunta Remedios.
“Eeeeehhhh… Mmmmmmm… preguntale a los chicos de la Amalita Fortabat” – responde Pico.
“Ah bueno” – concluye Remedios.
“Como decía, estuve en Maldonado y allí me pusieron cero ka eme, hasta me cambiaron mi nombre por el de Carmen de Patagones, yo no me hago drama, porque sé que entre nosotras nos entendemos, ustedes me van a seguir llamando Altamirano ¿verdad?” – prosigue su relato Altamirano.
“Claro, claro. Pero externamente te van a llamar Carmen de Patagones” – le dice Sierra.
“Esta es Carmen de Patagones porque sus patas son demasiado grandes” – continua cargándola Mardel a Altamirano.
“Que lástima que no sos un vagón, porque te pondría de nombre Patagonia” – retruca Altamirano a Mardel.
“Altamirano, no empieces la mañana enojándote por los chistes, no te das cuenta que esta no es la Tierra, es la nube de Úbeda” – sigue con los chistes Mardel.
“Si Mardel se juntara con Pergolini, juntos son dinamita” – dice Lomas.
“Vuelvo al relato. Resulta que los muchachos bonaerenses planificaron todo pero solo una parte salió bien, porque como todo acontecimiento de estos, algo siempre falla: horarios” – relata Altamirano.
“Cuando no. Es para no perder la costumbre…” – dice Dalceggio.
“Bueno, salimos 6 y pico de la mañana y llegamos a la hora cualquiera. Anduvimos haciendo paradas por todas partes…” – cuenta Altamirano.
“¿Qué quieren? Un acontecimiento de estos el público lo recibe con bombos, platillos y pañuelos de seda y papel” – dice Sierra.
“Oigan: está aburrido el relato ¿no? – comenta Menéndez – yo me estoy durmiendo”
“Ya, ya Menéndez, ahora viene lo mejor. Tras que llegamos a las perdidas, miremos los personajes que estuvieron” – dice Altamirano.
“Si, si. Políticos infaltables” – sugiere Remedios.
“Es una torta chicas: Aníbal Fernández, Haroldo no se cuanto, un tal Daniel que se dice ser interventor de la Ferrobaires… pero a este postre le falta la frutilla” – se la toma con soda Altamirano.
“Salud por eso” – dice Cañuelas mientras toma un vaso de cinzano, ya pasada un poco de revoluciones.
“Ojo que Cañuelas está pasada de revoluciones…” – advierte Dalceggio.
“¿Pa cuando la frutilla de la torta?” – pregunta Pico.
“Les doy pistas: es modelo y conductora de TV” – sugiere Altamirano.
“¡Valeria Maza!” – contesta prontamente Sierra.
“Ay Sierra… ¡¡¡¡Esa sí que vive en la nube de Úbeda!!!!” – dice Menéndez.
“Será de las típicas modelos y conductoras que tienen el cerebro tan hueco como los políticos” – acota Remedios.
“Es prestigiosa y sus iniciales son A y F” – termina Altamirano.
“Ni que fuese Alejandra Pradón, la A combina, P y F son diferentes” – dice Lomas.
“La Rímolo” – grita Sierra.
“Salud por eso” – dice Cañuelas con una curda bien zaina.
“Me voy a tomar alguna de esas pastillas Rímolo a ver si por ahí yo también no cago fuego” – dice Pico.
“Chicas: ¡qué manera de decir pelotudeces!” – exclama Altamirano.
“¡Yo todavía no tengo la bola de cristal boluda!” – le retruca Dalceggio a Altamirano.
“¿Se puede saber quién diablos es la frutilla de torta?” – pregunta impaciente Lomas.
“Anamá Ferreira” – da la respuesta Altamirano.
“Ya veo… fue el angelito de la torta. Solo que esta torta afeaba la fiesta ferroviaria, el público la embellecía” – dice Cañuelas con un pedo zaino.
“Sí, claro, como el alcohol a tí” – le dice Mardel a Cañuelas.
“Salud” – dijeron todas.

Acto IV

G601 da vueltas por Lynch. Como tiene pocas de su logia para charlar, le tira papas y piedras con mensajes a sus compinches del otro lado de la vía, a Yatay y Monte Caseros. Es que cuando se apaga la luz, es el mejor horario para salir.
Es la medianoche. G601 se escabullió por la vía tercera de la Gral. Paz y penetró en los talleres donde abundan las chatarras viejas a restaurar (Si llegan a tiempo).
“Veranito ¿no?” – dice G601.
“Si, si. ¿Piensas ir a la playa, o a las Sierras de Tandil…?” – pregunta Yatay a G601.
“¿Yo? Pienso tomarme un ligero veraneo acá en los galpones de Lynch ¿Ustedes?” – responde y pregunta G601.
“Creo que por ahora tenemos pa largo en este geriátrico” – le responde Monte Caseros.
“Geriátrico Lynch… el lugar a donde los viejitos venimos a terminar y perdurar nuestra existencia” – las carga G601.
“Pero hay otros: Escalada, Haedo, Tolosa… y un largo más” – dice Yatay.
“Si claro. Los ambulantes están toditos pintados ¿verdad?” – dice G601.
“Ojo: acá hay que tener ojos hasta en el culo, mira que aquí está la hinchada de HouseGreat” – le advierte Yatay.
“Te creo, lo sé por los comentarios de 4” – resume G601.
“Cambiando de tema, el Gran Capitán salió al ruedo, lo que no supieron es cómo siguió la novela” – dice Monte Caseros.
“¿Por?” – pregunta Yatay.
“¿Como por? Les fue bastante como el orto, sobre todo al regreso” – le responde G601 a Yatay.
“La cosa viene así: el viernes 21 debía volver a vía, pero casi más queda preso en Baires” – comienza a contar G601.
“¿Qué faltaba? No digas, los detalles de último momento” – dice Monte Caseros.
“Por supuesto, el permiso oficial por 90 días, pero lo hicieron bien rapidito, para que se note la rapidez que hay en este país en la firma de permisos y autorizaciones de corridas de trenes” – relata G601.
“Somos… somos ¡Ferraris!!!” – exclama Yatay.
“¿Fangio o Schumacher?” – acota Monte Caseros.
“Previo a esto, consiguieron por obra del milagro divino…” – continua su relato G601.
“¿Será que la Secretaría de Transporte hizo un ruego desesperado al Altísimo?” – pregunta irónicamente Monte Caseros.
“Algo de eso. Nada más que el Altísimo son Metrovías y ALL que aceptaron ser SOS ante eventualidades inoportunas” – responde G601.
“Cómo no podía ser, si TEA tiene una sola locomotora funcando” – dice Monte Caseros.
“¿Y la de repuesto?” – pregunta Yatay.
“No sé, por ahí está pronta a que se la trague la Tierra” – responde Monte Caseros.
“El día 21, como decía, salió el tren, todo perfecto, al dedillo de la letra como lo indicó ALL, aunque los descarrilos se dejaron entrever, sumado a que no habían hecho los experimentos en Posadas…” – cuenta G601.
“¿Experimentos? ¿Para qué?” – pregunta Monte Caseros.
“Qué se yo. Será para ver que todo este bien, no lo sé bien” – le responde Yatay.
“¡Pro ya tienen boletería!” – dice Monte Caseros.
“Bueno, sigo. 17.30 debía llegar pero llegó 21.30 por esos inconvenientes que se suman en el camino…” – relata G601.
“Claro, claro. Lo mismo con Altamirano y su llegada a Carmen de Patagones” – acota Yatay.
“También piensen que después de semejante tragedia sobre el Gran Capitán, esto merece ser festejado por el público” – dice Monte Caseros.
“Hasta ahí todo pipí cucú. El regreso fue trágico: su viaje finalizó en Concordia por descarrilos. Y a viajar en micro hasta Fede Lacroze” – termina de contar G601.
“Ya lo creo. El tren no tiene la culpa, son los gajes del oficio” – dice Yatay.
“Como Lomas que se tostó de más…” – concluye Monte Caseros.

Acto V

En Kilo 4 estaban practicando un deporte llamado alpedismo. Como no podía ser, Lomas toda chamuscada salió a tomar sol, Remedios a pintar acuarelas, Pico a leer el periódico, Mansilla a escuchar la radio, Karpik y Dalceggio dormían la siesta mientras Mardel escuchaba música.
Justo sonó el teléfono. Dormida lo atendió Karpik “¡¡¡Hey!!! – gritó- Phone colectivo”
“¿Quién carajo molesta a estas horas?” – pregunta dormida Dalceggio.
“¡Monte Caseros!” – gritó Karpik.
Mansilla se vino para ver de qué se trataba la cuestión, Lomas y Pico llegaron más tarde y Dalceggio siguió durmiendo la siesta.
“¿Qué cuentas de nuevo Monte?” – pregunta Karpik.
“¿Yo…? ah, el tema es el entretelón del Gran Capitán” – dice Monte Caseros.
“Che Pico… ¿qué está escuchando Mardel?” – le pregunta Remedios a Pico.
“La petisita culona, de Bersuit” – le contesta Pico.
“Suena buena la canción…” – dice Monte Caseros.
“Pues bien, aquí nos tienes Monte, cuéntanos como siguió la novela” – le dice Mansilla.
“Pues, ustedes saben que el viernes 21 salió el tren regular y sarasa sarará…” – relata Monte Caseros.
Lomas se ríe “ Ja, ja, ja!!!! Sarasa sarará… De pronto se ganó el centro de la cuestión”
“Vos déjate de reír, que nosotras aquí también nos enteramos que te chamuscastes no precisamente con el sol, sino con fuego” – le dice Monte Caseros a Lomas.
“Foigo, foigo, llamen a los bomboiros, necesito un teléfono!!!” – empieza con las cargadas Mardel.
“Lo mejor de esta cuestión es que cualquier día vamos a dir al Luna Park a ver boxeo” – relata Monte Caseros.
“¿Y quien se c… a piñas?” – pregunta Remedios con el pincel en la boca.
“TEA versus ALL. Son rivales” – contesta Monte Caseros.
“Avisá cuando haya pelea en el Luna Park” – dice Mansilla.
“Mejor aclaremos: Neandertal HouseGreat vs Pescarmona, la pelea del año” – hace burla Mardel.
“Lo mejor de todo son todas las boludeces que dijo del tren: primero era que no había habilitación de la AFIP” – relata Monte Caseros.
“AFIP… Órgano Institucional Chupasangre” – dice una tontería Karpik.
“Luego siguió por las llantas de la 7911” – sigue contando Monte Caseros.
“¿Cuál es la huevada que le sigue a las dos primeras?” – pregunta Pico.
“Desaprobación técnica de los coches” – contesta Monte Caseros.
“¿?” – se hacen todas.
“No importa… voy a usar una palabrita, que puede sonar un poco subida de tono, pero al Gran Capitán casi más gana la conchudez de ALL” – dice Mardel.
“Si solo fuese por eso…” dice Pico.
“Por fortuna estaba el Pinguinator con su rebelión aparatosa de hacer rodar a los trenes: y lo logró” – dice Monte Caseros.
“Péguenle un palo en la cabeza a ver si se endereza” – jode Mansilla.
“Claro, claro… ¿Les parece bueno si vamos a ver Apocalipsis?” – propone Monte Caseros.
“¿Cuál Apocalipsis? ¿El de la Biblia?” – pregunta Remedios.
“Remedios, este es Apocalipsis, pero nada más que a esta película la protagonizan los brasileros, son jinetes que huyen despavoridos” – le responde Lomas.
“También sugiero ver otra película” – dice Mardel.
“Ya sé La Fuga” – responde apuradamente Monte Caseros.
“Mirá Monte, en el Geriátrico Lynch vamos a ir a ver a las Baranda” – le responde Lomas.
“¡¡¡Están toditos pintados!!!” – grita Monte Caseros.
“Es otra chicas…” – dice Mardel.
“¿Otra? ¡Nosotras mismas estamos protagonizando una película!” – dice Lomas.
“¿Cómo se llama esta película?” – pregunta Monte Caseros a Lomas.
“Lo que los trenes se llevaron. Dentro de poco el escenario será astronómico” – responde Lomas.
“A lo mejor en el 3010 estaremos en un nuevo planeta llamado Ferrolandia, porque acá ya lo han vaciado” – jode Mardel.
“No la vacíen, quédense acá. Por ahora vamos al compás de esta orquesta globalizada” – dice Mansilla.
“O juremos con gloria morir” – canta Karpik.
“Salud” – dijeron todas.

Acto VI

“¿A que no saben qué piojo resucitó?” – les pregunta Vega a las demás.
“Yo tendría que aprender ese sistema. Es muy bueno” – sugiere Karpik.
“Piojo resucitado… ¿colega nuestro?” – pregunta Lomas.
“Emmm…. Piojo’s resucitioshons…” – se burla Mardel.
“Yo sé, yo sé” – se exalta Pico.
“A ver si es cierto” – le dice Cuenca.
“¡¡¡¡Junín!!!!” – lo anuncia a los cuatro vientos Pico.
“Yo pensé que el piojo resucitado podía ser Montoto… Iglesias, Cirigliano…” – dice a modo de suposición Dalceggio.
“¿Y quién podían esperar que fuera piojo resucitado?” – les pregunta Pico a las demás.
“Ya pasó la naranja para el tren sanitario” – sigue con las ironías Mardel.
“¿Cómo?” – pregunta Pico.
“Ese que dijeron que en 90 días debía volver a la vía y habían pasado 60 y la cosa por el momento era naranja” – aclara Lomas.
“No entiendo… les dieron 3 meses pa’rreglar un tren y en un mes lo hicieron. ¿cómo es el asunto?” – plantea Cuenca.
“Es que las cosas aquí acontecen a la velocidad de la luz. Superamos e hicimos pelota toditas las teorías de Einstein ¿Comprendes Cuenca?” – contesta el planteo de Cuenca con una ironía Mardel.
“Por los comentarios de Peperina, dice que el interior quedó pipí cucú, garaje pa ambulancia, farmacia, en fin, un tren-hospital rodante…” – comenta Vega.
“Por lo menos algo” – dice Lomas.
“¿Qué?” – preguntan todas.
“Al menos no le ganó la desidia” – resume Lomas.
“Y la incompetencia y otras varias cosas irreproducibles…” – concluye Dalceggio.

Acto VII

Bragado se cortó sola del tren y se apartó en la vía lindante al andén que da a la Yuta Ristoranti… “¿Con qué pago el abono? ¿Será con Cana Card…?” – piensa mientras mira cómo salir de allí.
Disimuladamente logró salir y se rajó derechito a Liniers. En un tinglado se juntaron La Chabona RSD 16 8453… Vega venía junto con Menéndez, luego de su paseíto en Retiro.
“Che ¿se acuerdan de la gasificada enjaulada en Palermo?” – les plantea a las demás Menéndez.
“Bah, seguirá enjaulada, como otras allá con la maldita eme” – responde Bragado.
“No, ni ahí. Se movió a la playa Alianza” – responde Menéndez.
“Ya veo, por medio de un SOS, uuuuuuuuuuuuuu!” – se burla Vega.
“No bolú, lo hizo sola y solita” – aclara Menéndez.
“Fue un paseo… desde Santos Lugares a Palermo, para volver a quedar encerrada” – completa el cuento La Chabona.
“Si, más o menos, es así la cuestión” – concluye Menéndez.
“¿Hay un phone?” – pregunta La Chabona.
“Si. ¿A quién vas a llamar?” – le pregunta Vega mientras La Chabona marca.
La charla telefónica…
“¿Sí? ¿Qué haces en el medio de Liniers?” – pregunta Yatay del otro lado de la línea.
“Ah… somos un par de chicas aquí, no, no, me equivoqué, dos pares” – contesta La Chabona.
“¿Qué te anda pasando Chabona?” – pregunta Monte Caseros.
“¿No aconteció nada nuevo allá, los chicos de las Baranda… o por el lado subterráneo…?” – pregunta La Chabona.
“Ah, ya, ya” – responde Monte Caseros.
“Notis… ya sé. Los chicos de Metrovías se acordaron de que era hora de reparar las vías levantadas por la extensión subterránea” – cuenta Yatay.
“Reparación de vías… ¡Qué buen tema!” – dice Vega.
“1, 1 bis y 2” – aclara Monte Caseros.
“¿Buen tema para qué Vega?” – pregunta Yatay.
“Para 4 gil” – le contesta Vega a Yatay.
“Después… han andado reparando estaciones, como Beiró and Company, para quedar bien reclucientes” – sigue relatando Monte Caseros.
“Si quedamos bien en poco, quedemos bien a lo grande” – dice una estupidez Bragado.
“Oigan – pregunta Menéndez – ¿cómo hizo Bragado para decir una tontería así?”
“¿Por?” – pregunta Monte Caseros.
“Porque siempre está depresiva” – responde Menéndez.
“A lo mejor hizo terapia con Lomas y aprendió que a la vida hay que tomársela con soda, que la vida es una jodita y hay que demostrar que somos jodones en serio” – acota Yatay.
“Y después extensiones subterráneas” – dice Monte Caseros.
“Ojo que se hunde BA” – sigue ironizando Bragado.
“Hoy se tomó la pastilla de la ironía” – carga Vega.
“¿Si le damos un psicofármaco?” – pregunta La Chabona.
“No, por favor, que siga tomando la pastilla de la ironía, así dice boludeces con sentido y no la tienes que ver deprimida” – contesta Vega.
“A vosotras no hay una que les venga bien: si estoy depresiva, porque estoy depresiva, si me burlo, porque hago cargadas. No hay una que les venga bien ¡Carajo!” – se exalta Bragado.
“Shhhh! No subas la presión Bragado” – le aconseja Yatay.
“Volviendo. Por el subte A el próximo destino de llegada será Nazca, pasando por Flores, Carabobo y Puán” – relata Monte Caseros.
“Todo muy bueno ¿Yyyy? ¿La línea Hache?” – pregunta impaciente La Chabona.
“Gracias a un acuerdo entre el GCBA y la Nación, los fondos…” – dice Monte Caseros.
“¿La línea Hache?” – interrumpe La Chabona.
“Incluye modernización del sistema de señalización, renovación de la flota…” – relata Monte Caseros.
“¿La línea Hache?” – vuelve a interrumpir La Chabona.
“Che, como jodes con esa línea hache” – le dice Menéndez a La Chabona.
“Por todas esas razones se extenderá la línea A, luego de 90 años…” – sigue diciendo Monte Caseros.
“¿La línea hache?” – vuelve a preguntar por la enésima vez La Chabona.
“¡Como rompés las pelotas con esa línea hache!” – se altera Vega.
“Hazme un favor Monte: contale a esta la línea Hache porque si no la vamos a aguantar con ese versito hasta el día del juicio final” – pide Menéndez.
“Bueno, la línea hache está en licitación para equiparla con todos los chiches” – empieza a contar Yatay.
“Contará con escaleras mecánicas, ascensores, plataformas elevadoras…” – continúa relatando Monte Caseros.
“Gracias” – agradece La Chabona.
“¡Por fin! Pensé que tenía que ponerme migas de pan en las orejas” – dice Bragado.
“Ja, ja, ja, ja!!!” – se ríen todas.

Acto IX: “Ferrolandia” un cuento de Quequén

Había una vez un planeta llamado Tierra donde entre todas las cosas que había, había trenes. En un país llamado Argentina había trenes hasta que un gran agujero negro se los tragó y sigue tragando a los trenes que no tienen utilidad alguna. Entonces se dividieron y cada cual empezó a ir por su lado y para todo, primero la guita. Fue cuando surgieron empresas e ideas de todos lados, los apodos a las locomotoras. Algunas tuvieron muy buen destino, otras se extinguieron… Encima con el cuento de la deuda concluí que más que deuda externa, era astronómica. Y me dí cuenta de que el escenario no era la Tierra, sino otro planeta, pero no el asteroide B 612, sino uno especial, ideado solamente para ferrocarriles. Yo lo llamo Ferrolandia, porque es el único planeta donde los trenes son Made in Argentina, donde el material rodante es el más avejentado de todos, las técnicas las más arcaicas y donde los responsables burócratas viven en una gigantesca nube de pedos que cada tanto trae tifones y hace todo pelota.
Aquí pude ver el inicio de una tragedia, aquella que Lomas llamara “Tragedia Metropolitana” luego de su pasito por ahí. Gran victoria la de Metropolitano y su crisis tractiva, pues de los SOS que pidieron al Roca se volvieron rotos. ¿Será que la línea San Martín está embrujada? No lo sé, pero lo que sí sé es que trae mala suerte porque todos se rompen allí. También he de decir que en este planeta, en especial en esta sección, los plantones son cosa diaria, máxime si he de decir que ni el megacanje ferroviario alcanza para el mantenimiento. También tienen un galpón poblado de locomotoras provenientes de Yanquilandia, que para que no se agusanen tanto, cada tanto las ponen el marcha para ver si alguna vez nos hacemos los giles y las sacamos para que nos salven las papas del fuego…
A esta “Tragedia Metropolitana” he de decir que también cada tanto, por ahí, se incendia la cosa cuando está demasiado recalentada. Eso le pasó a Lomas. Casi se incendia en La Plata pero en Avellaneda no lo pudo eludir.
También he de contar de un tren que corre en este planeta y lo conocen como “Tren Peregrino”. ¿Conocen la peregrinación anual a Luján? Creo que los que hacen esa peregrinación a pata van mejor que los que la hacen a San Nicolás, si tenemos en cuenta el veranito y por ende, viajar en vagones hechos torta y sin baños, pero sumado a ello el largo tiempo de espera más que peregrinación a San Nicolás es una peregrinación a la tortura. ¿Entienden ahora que no solo un viaje a Bolívar puede ser un poco torturoso?

Acto X: El megacanje ferroviario según Elisabetta

Allá en 4 mis hermanas GT’s no quieren entender que más que canje o cambio, es un gran megacanje, que a muchos no nos termina de cerrar. Hasta que un día Quequén dijo lo de la deuda astronómica y me dije que nosotras estamos haciendo la bicicleta financiera. Y sí, menos mal que apareció este pingüino aparatoso del sur, ojo, para los que se dicen ser ingenieros, no tengo apodo, pero me hice uno a base de guerrear en varios frentes, por eso soy Elisabetta, número 7928. Volviendo al tema, Quequén y yo parecemos haber salido de planetas astronómicos, no nos integramos así porque sí pero tampoco somos una logia. Quequén, mi hermana querida y preferida, me habló de un nuevo planeta llamado Ferrolandia, pues también como me dijera, en el 3010 allá nos vamos a ver todos.
Es que mi tarea consiste en su mayor parte de las veces, salvar las papas del fuego: es que por suerte no soy pulpo porque soy locomotora, algo un tanto aparatoso, mecánico, bla. Si no voy a Tandil, ando por Bolívar, también giro en 4 y creo que tuve la sensación de que me fui a Junín por desperfectos en La Chabona. Es que este megacanje es gratis, no se garpa un sope porque ahí todos son la misma cosa. Donde no es la misma cosa es atravesar corredores. Primero, como me dijera Quequén, primero la guita. Y es cierto. Para pasar hay que garpar, sino te quedas en BA. No lo entiendo, si todo es del estado, solo la administración es privada ¿porqué se ha de garpar para transitar por esas vías? Es que por ahí a estos muchachos no les alcanza con la guita recaudada con el transporte de cargas que hacen y como a cambio de ese megacanje que reciben de los pasajeros, deberían arreglar los ramales pro eso es como pedir peras al olmo. Una cosa similar Bolívar con Ferrosur y FEPSA, se tiran con la pelota y la PeBeA termina siendo la bolú que pone la ganza y arregla el ramal (Chicos… ¡sáquense la careta!). Pero lo más ilógico es que están recibiendo una guita extra del estado argentino para no sé qué, pienso que es para abultar bolsillos. Luego cuando uno se entera de este tipo de corrupciones se agarra los pelos de la cabeza pero menos mal que tenemos memoria y sentido común, otros son redondos como el orto de la olla.
Epa! Opa que me olvido también de las imposiciones. A las empresas de cargas les debemos ese invento llamado Navegador Satelital, muy bueno para integrar este megacanje pero lo malo de esto son esos asquerosos FCR, unos coche furgón que ocupan espacio con unas coloraciones que si fueran a desfilar a un carnaval marplatense se llevan todos los premios (¡Tután Kamón se vería más natural!).
Aaaaahhhhh! Y cuando no nuestros empresarios que se dicen ser ingenieros nos dan dolores de cabeza. Ya sé que no son terrícolas, provienen del Planeta de los Cínicos, así me dijo un día Quequén. Son Cínicos, prometen todo y hacen lo que se les da la gana, cumplen si se les ocurre, o cuando creen conveniente y bueno acordarse de hacerlo, con las multas limpian los baños mugrosos de la estación Constitución (No los de subte, los otros digo!), reciben guita a lo pavote y resulta que luego se la llevan a Caimán. El resultado de este megacanje no puede ser más que el berretismo. Qué extremo es este berretismo que hasta hay que canjear las locomotoras. Como le pasó a mi hermana Lomas, que no pudo huir a la tragedia metropolitana de quedar quemada de recalentada que estaba. Es, como me dijo mi hermana Quequén, las cosas se incendian cuando por ahí están recalentadas. También cómo será que hay tantos dedillos en el laterío que el leasing está trayendo dolores de cabeza. Si al berretismo hemos de sumar esa maldita mentalidad del sapito tragavueltos el resultado de esta suma son esa sarta (Tanda es poco) de chicas colegas mías y de todas nosotras encerradas por el castigo de la justicia y por esas causas que he mencionado antes. Fabuloso el megacanje ¿no?
Y bue’, que vamos a hacer, si también he de contar que he visto una nueva sección en estos trenes: la de delitos complejos, porque hay personajes que tienen por habitación una celda y al lado otra habitación que almacena su expediente, no por buena conducta, pensando todo lo opuesto… Algo similar como lo que pasó con 9039, nada más que ella tiene los baños llenos por el inmenso prontuario que arrastra, pero para andar impune solamente se necesita tener un tentáculo salvador y vivir en una nube de pedos. Luego nos tiramos de los pelos del resto del cuerpo porque las cuentas no nos cierran, pues no se olviden de los culpables.
Yo sé también que hay gente muy noble, que hace de nosotras la mejor perfección posible, pero a veces esa gente noble termina siendo tal igual o peor que los que se dicen ser ingenieros. No todas mis colegas que perduran en Escalada o en Lynch la pasan bien. Es que ya me dieron entradas para ir a ver a las Baranda, están todos pintados, hacen lo que quieren, cuando quieren y se les canta. Remedios me prestó su CD y es increíble, cede ante todo. Eso sí, como me dijera Quequén algún día “Más vale perderlos que encontrarlos”.
Autor: Valeria benitez

Café Ferroviario IX: Los pensamientos de Mecánico R. Karpik

Filed under: Cafe Ferroviario — @ 7:27 pm

Aaahhhh! Lo que es vivir en la Argentina, más si tengo en cuenta que estamos en el siglo XXI, donde algunos colegas me cuentan de proezas, avances, y mucha tecnología, yo acabo en el pensamiento que en mi país aún no pasamos de la Edad de Piedra. Es que aún la estamos tallando y no nos hemos dado cuenta todavía (O no queremos) aprender que la piedra puede ser pulida. Mientras en otras partes a los cambios de vía los activan con control remoto, acá seguimos en la era del chabón colgado del estribo de algún tren que se larga a hacerlo manualmente. He visto que en otros países hay trenes que tienen dos pisos, mientras que los nuestros solo tienen uno y gracias, más si tenemos en cuenta que muchos ramales por donde circulan no han pasado más allá de la era del tallado: es que ni tampoco procuran cambiar la técnica. Sé que en otros países para cambiar las vías usan el sistema de colocar la vía prearmada, el operario solo se ocupa de hacer las uniones, aquí aún seguimos en la era de colocar las vías a base de fuerza humana. Mientras vemos que en Japón los trenes viajan a 400 km/h, aquí con fortuna superan los 160 (Si los superan…). O por ahí veo que en los países del primer mundo los ramales son cuidados como chiche y toda la tecnología, acá solamente les pegamos un vistazo y los arreglos son por arriba, con herramientas tal vez un tanto arcaicas. Pregunto ¿avanzaremos al Neolítico algún día? Creo que somos demasiado arcaicos. Ahora, si uno compara los trenes argentinos con los trenes de África (Alguno perdido por ahí) o los de Asia (Los del tercer-cuarto mundo), para ciertos países, nosotros somos de la Edad Contemporánea.
Miguel de Cervantes Saavedra escribió esa magistral obra llamada “Don Quijote de la Mancha”. Y dió en la tecla para describir a los personajes – actores de su época y en su escenario. Puso a Quijote como un flacucho, alto, un tipo que vivía en el pasado peleando contra los molinos de viento, a Sancho Panza le quedaba el rol de ser un parásito y la esposa de Quijote, Dulcinea, que siempre vivió a la espera de que caiga algo de Dios. Más allá del escenario español, acá también les aseguro que tengo una versión del Quijote: en este caso Quijote vendría a ser ese Riojano que siempre sueña con su regreso triunfal y vive en el pasado del 1 a 1, el gordo Sancho Panza vendría a ser un collage de varios: J. Tizado, Iglesias, Montoto, Roteque Maccarone y tantos… tantos que dan calambres mencionarlos. Pero nos queda uno: la Dulcinea. Dulcinea encarna a todos los que se prendieron de las promesas del Riojano, pero que a lo mejor pensaron que el salvador no era Dios, sino el siguiente de turno (Me refiero a la Radicheta). Y así nos fue.
Hace unos años salió en cartelera una película llamada “Todos los perros van al cielo”. Yo les digo algo, acá tenemos una versión de esa película, pero a la manera ferroviaria. Así que consulté con mis compañeras y colegas y a esta película la titulamos como “Todos los trenes van al cielo”. Y sí, nuestro éxodo al cielo empezó en 1990: un decreto recortó servicios a todas partes. Hubo que aceptarlo, venía de arriba. Pero lo que no advirtieron (O se hicieron los osos) es que la racionalización era un regalito para los argentinos, de la parte del Riojano, sin saber que el moño del regalo lo formaban los Vaqueros del Norte. Volviendo al tema, ese decreto de 1990 dejó a los trenes en estado vegetativo. Así pasaron tres largos años, padeciendo, algunos se fueron al cielo en ese lapso: es porque algunos pasaron a ser proveedores de repuestos para sus mismos colegas. Y llegó el día de la tragedia: el 10 de marzo de 1993 los trenes definitivamente se fueron en masa al cielo, en silencio, para llorar desde arriba y esperar que abajo las cosas se mejoraran…
Yo me considero re afortunada: por lo menos no me tocó irme al cielo, por eso cuento el cuento.
Yo les hago una pregunta ¿recuerdan a Aladino, la lámpara mágica y su alfombra que volaba por todas partes? Para los chicos es una gran fantasía. Fuera de eso, no es una fantasía, es una realidad. Conozco a varios aladinos y varias alfombras mágicas que vuelan por todas partes. El Aladino más famoso es Montoto: tiene por supuesto una alfombra mágica, pero nada más que ésta es verde, tiene la cara de George Washington y la Casa Blanca, su lámpara es una caja fuerte, los humitos que despide son de color verde.
¿Quién no visitó alguna iglesia alguna vez? En mi vida he visitado iglesias y a patadas… pero ésta era la peor de todas. Iglesias tenía 3 iglesias: en Belgrano Sur, en San Martín y en el Roca. Pero supe que le habían puesto las manos encima: lo habían encerrado. Dicen que las iglesias son nobles, pero estas eran de lo peor, así que sus Iglesias se convirtieron en una especie de Delitos Complejos, una subdivisión de la PFA instalada en Metropolitano.
Me encanta escuchar música. Pues es cultura, dicen. Yo conozco un grupito de músicos mejor que las Bandana y los Mambrú: a estos los llaman Baranda. Éste grupito se hallá en un lugar donde muchos colegas míos se salvaron del soplete: el Ferroclub Argentino. Primero, porque hay algo que huele muy mal en materia directiva en esa institución. Segundo, su presidente es el líder del grupito. Tercero, es peor que Barrionuevo: tiene barrabrava propia, se halla en Lynch. No hay problema, mientras los socios se pelean, hagamos el humor por el otro lado. Esos, llamados Comisión Directiva, son las Baranda: son adolescentes, adolecen de cualquier capacidad, y, por ende, como son adolescentes, hacen lo que se les canta. Tienen CD propio: CeDe ante todo, el IGJ, la CNRT, el ONABE, TEA… En mi cuarto tengo su poster: están todos pintados, me lo vendieron en la sede Remedios de Escalada, pero te lo venden en todas las sedes del Ferroclub, especialmente en Haedo, Lynch y Alianza. Una vez que fui a Escalada, una de mis colegas me preguntó si no se podía hacer de nuevo el casting.
¿Entienden ahora que en todos los rubros hay semejanzas? Lo último que nos faltaría por hacer es la versión de Los Picapiedras, porque eso lo tenemos muy bien domado. Y el final a este arcaísmo no se lo vemos nunca.
Autor: Valeria Benitez

Café Ferroviario VIII: Argentina, qué país…

Filed under: Cafe Ferroviario — @ 7:26 pm

“El que aún no se haya dado cuenta de que en este maravilloso país tenemos la fiel capacidad de hacer boludeces sin utilidad alguna, esta es una, un perfecto ejemplo” – le dice Bragado a Remedios de Escalada.
“Por supuesto que no hay dudas… yo te invito a que vayas a Kilo 4 y veas mis acuarelas… verás personajes recontra conocidísimos” –le responde Remedios.
“¿Del ámbito ferroviario no?” –pregunta Bragado.
“Y algo más que eso” – responde Remedios.
“Ahora hay algo que me retuerce la mente…” –dice Bragado.
“Desembucha no más” –le dice Remedios.
“Eso de la Trinchera…” –dice Bragado.
“No sé que quieren hacer allí” – le dice Remedios.
En ese momento llega Vega. “¿Que tal chicas?” –pregunta.
“Ahí…” –dice un poco cabizbaja Bragado.
“¿Qué psicofármaco te tomastes ahora para estar con ese ánimo?” –le dice Vega a Bragado.
“Algo de la Trinchera o que se yo…” –responde Remedios.
“Vos Bragado sigues siendo la misma idiota de siempre. ¿Te crees que lo piensen llevar a cabo?” –le dice Vega.
“Y… el GCBA nos desalojó de Caballito para hacer no sé qué obra pero bien gracias” –dice Bragado.
“Caballito… basurero de nadie de un lado y del otro un mugroso terreno al divino botón…” –dice Vega.
Llegan Dolores y Pico. “¿podemos sumarnos al café?” –preguntan las dos.
“Acá están todas invitadas…” –dice Bragado.
“Todas no” – dice Pico.
“¿Ah no? ¿y quién entonces?” – pregunta Bragado.
“Junín y la 9039” – responde resueltamente Pico.
“¿Por?” –pregunta Bragado.
“Junín por comportamiento pésimo y 9039 no figura en la lista directamente” – responde Pico.
“Pero volviendo… eso de la Trinchera que te atemoriza” – dice Vega.
“Dejá de hacerte mala sangre Bragado. ¿Te crees que lo vayan a hacer?” – dice Dolores.
“A lo mejor sí, a lo mejor no. Nunca se sabe” –contesta con incertidumbre Bragado.
“¿Me pueden explicar para qué quieren tapar la Trinchera?” – pregunta Pico.
“Pues vé a Bolívar 1 y si tienes suerte, pregúntale a Ibarra” – responde Vega.
“Más o menos lo mismo que tratar de tener una entrevista con K” – dice Remedios.
“¿Alguna sabe cuál es el costo de este techamiento?” – pregunta Pico.
“Por lo que me dijo Menéndez, unos $ 19.000.000?” – dice Vega.
Pico y Dolores se miran. Bragado mira con cara de resignada…
“$ 19.000.000 dijistes ¿no?” – pregunta Remedios.
“Si, ¿por?” –responde Vega.
“¿No habrá otra cosa más necesaria en qué gastar esa guita?” – pregunta Remedios.
“Mira Remedios –se apura a responder Dolores- buena pregunta la tuya. Te voy a hacer un cuento, que más que cuento, es cierto. Me lo contó Karpik hace como cuatro años atrás. ¿Vistes ese mástil que hay detrás de la Casa Rosada?”.
“¿El grueso? Si.” – responde Remedios.
“Bueno, ese mástil grueso se construyó en la era de Menem y su construcción salió 6 millones de dólares” – cuenta Dolores.
“¡6 millones de dólares!” – exclama Vega.
“Sí, y lo construyó porque un día fue a México y lo vió. ¿quieren saber la frutilla de la torta?” –dice Dolores.
“Dale, ya que estamos en el baile…” – dice Bragado.
“La frutilla de la torta es que está hecho con estructura antisísmica” – concluye el cuento Dolores.
“Pregunto: ¿para qué queremos un mástil con estructura antisísmica en Buenos Aires si no hay sismos?” –pregunta Remedios.
“La misma pregunta cabría para lo de la Trinchera” –contesta Pico.
“Mira Pico, el mástil antisísmico es algo netamente inútil y la Trinchera tapada es otro tanto. Pero bueno, así somos…” – contesta Vega.
“¿Y para qué quieren tapar la Trinchera?” – pregunta Dolores.
“Aparentemente para espacios verdes. Pero ya dije que fueras a Bolívar 1” – le responde Vega.
“Pero veamos una diferencia: al mástil lo construyeron, a la Trinchera no la taparon todavía” – dice Pico.
“Buena observación Pico. Aún nos podemos salvar” –dice Bragado.
“Aparte… si taparan la Trinchera los trenes parecerían subterráneos, creo, no sé, que alguno me corrija, pero no sería algo peligroso en cuanto a la acumulación de gases tóxicos” – plantea Dolores.
“¿Pues en qué sentido lo preguntas?” – le pregunta Bragado a Dolores.
“En el sentido que los trenes diesel despiden gases tóxicos y eso al estar tapado no habría oxigenación del aire, entonces se estaría respirando aire contaminado y eso no creo que haga muy bien a la salud” – aclara Dolores.
“Mira, los subterráneos andan bajo tierra pero hasta ahora la gente no se ha muerto por andar en ellos” –dice Bragado.
“No bolú, esto es peor. Los subtes son eléctricos y acá hay trenes eléctricos y otros, como nosotras, que funcamos a base de combustible. ¿Cahastes?” –dice Dolores.
“Ah… preguntale a los de Geenpeace” – dice Pico.
“Conclusión: esta es Argentina, el país de las inutilidades o de las cosas con poco uso” – concluye Bragado.
Autor: Valeria Benitez

Café Ferroviario VII: Made in Argentina I

Filed under: Cafe Ferroviario — @ 7:24 pm

Altamirano dormía la siesta bajo una planta mientras Mardel miraba los pajaritos que hacían un nido en las ramas. Vega se aireaba al pleno viento y Mansilla escuchaba la radio. Karpik estaba trabajando en traer y llevar formaciones. Brandsen y Carolina llegaron de visita, justo cuando todos hacen fiaca.
Adentro del galpón suena el teléfono. Un encargado lo atiende y responde al pedido. Un maquinista de maniobras se sube abordo de Mansilla y sale al rescate de un tren quedado antes de llegar a Almirante Brown. Mansilla lamentaba que la sacaran de eso que ella considera “ritual” escuchar la radio, entonces le gritó a las otras “¡Me llevó los auriculares!”. “Ta’ bien, llevátelos” –le dice Vega a Mansilla mientras salía con el punto ocho.
En esas aterriza Dalceggio con Pico apagada y destartalada… “Uno de esos que nunca faltan a las costumbres argentinas” –dice Dalceggio a Brandsen mientras mira el golpazo recibido por un choque con un camión de regreso a Once.
Y cuando ninguna se lo esperaba aparece Junín. “¡Oh, no! Esta acá” –le dice Brandsen a Vega. “Buenas… ¿haciendo alpedismo?” –dice con ciertos aires Junín.
Entre ellas se miran “Estamos tomando sol ¿viste?” –le retruca Karpik.
Temperley no la aguanta, decide irse a otra parte. “Con el permiso de las damas iré al jardín a regar las flores” –dice Dalceggio y se lleva consigo a Pico. “Me tomo cinco, me tomo un té” –dice Vega y sale al patio trasero junto con las demás. Y así salieron todas, quedó sola Junín. “La naturaleza me repudia” –le dice Junín a La Chabona RSD 16 8456. “Puede ser, tal vez” –le responde La Chabona.
Después de un largo rato Junín sale afuera. La Chabona avisa con la bocina de que Junín se las tomó. Y regresan todas. En ese instante llega Mansilla con la locomotora quedada.
“¿Leyeron últimamente los diarios?” –pregunta Mansilla.
“¿Día, mes, año? ¿Clarín o La Nación?” –pregunta Temperley.
“Clarín y La Nación. Mes de agosto” –responde Mansilla.
“¿Qué hay?” –pregunta Brandsen.
“Me parece que se trata de una tanda de proyectos” –se apura a responder Carolina.
“Ya dió la respuesta Carolina” –dice Mansilla.
“Hace tiempo que estoy desconectada de eso” –dice La Chabona.
“Algo de eso he leído” –dice Karpik.
“Diganme ¿qué trenes hay con 160 km/h?” –dice a modo de interrogante Mansilla.
“Yo, yo, yoooooo!!!! –dice exaltada Vega- Yo sé”.
“A ver si es verdad que lo sabes” –le dice Dalceggio.
“¡Mar del Plata!” –dice Vega.
“Correcto” –dice Karpik.
“Te faltó algo” –dice Altamirano.
“Pinamar y por una de esas raras casualidades, Tandil” –dice Pico.
“Bueno, si Mar del Plata parece ser el único que existe en condiciones optimas” –dice Vega.
“Metáfora de TBA: los del Mitre son los preferidos y los del Sarmiento los últimos orejones del tarro” –dice Mardel.
“Vaiga paradoja” –dice Temperley.
“Luego viene la categoría de los 100 km/h” –dice Mansilla.
“Adivinemos los ramales” –propone La Chabona.
“El de Bahía” –dice Vega.
“Neuquen y la capital de los viajes de egresados” –dice Carolina.
“Yo fui de viaje de egresados a Bariloche” –dice Dalceggio.
“¡Pero faltan 60 km/h más!” –dice Mardel.
“Sucede que ya éstos no son tan importantes” –dice Temperley.
“Bariloche no ¿no?” –dice Altamirano.
“Pasemos a los cochemotores” –dice Mansilla.
“¿Qué es eso?” –pregunta Brandsen.
“Cochemotor significa un coche que se autopropulsa solo, sin necesidad de una máquina de arrastre” –le dice Altamirano.
“Gracias” –dice Brandsen.
“¿Velocidad?” –pregunta Mardel.
“Unos 90 km/h, 10 menos que la categoría anterior” –dice Carolina.
“¿Ramales?” –pregunta Pico.
“Meh, Neuquen, Zapala” –dice Mansilla.
“Tandil y un par más” –dice Karpik.
“¡Ya sé! –dice Vega- los “semi últimos orejones del tarro” del ramal a Bolívar”
“Y la Trocha que todos hablan pero que naides pone las manos en el fuego” –dice Pico.
“Miramar o Quequén entraron a la misma bolsa” –dice Dalceggio.
“Ja, ja, ja!!!” –se ríen todas.
“¿Y los trazado en estudio?” –pregunta La Chabona.
“Asunto que no nos compete” –le responde Mansilla.
“¿En qué planeta vives Mansilla? –le dice Pico- No nos compete hasta ahí nomás, pues ellos están en otras líneas, como la Belgrano Norte, pero también son ferrocarriles”.
“Somos de nacionalidad argentina, que nadie ponga en duda nuestra identidad” –dice Altamirano.
“¡¡Vivimos en el mejor país del mundo chicas!!” –grita Brandsen.
“¡¡Que viva por siempre!!” –gritan todas.
Autor: Valeria Benitez

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